domingo, 28 de febrero de 2016

Una sinfonía como compañera de vida

Llevaba ya tiempo pensando en crear un blog sobre música, y este jueves se me presentó la ocasión y el motivo perfectos para ello: concierto de la 6ª sinfonía, “Pastoral”, de Beethoven en el Auditorio Nacional de Madrid. ¿Y qué tiene de esto de especial? Pues para mí simplemente que es mi obra favorita, en lo que a “música clásica” se refiere. 
Supongo que resultaría difícil para casi cualquier persona tener que elegir tan solo una obra favorita entre todas, pero yo lo tengo claro. El motivo supongo que en parte será que esta sinfonía me ha acompañado desde que tengo uso de razón. Cualquier niño desde 1940, que se tragara todas las películas de Disney (como yo, aunque en mi caso desde 1997) habrá visto Fantasía. Esa película en la que los dinosaurios se extinguían al son de “La consagración de la primavera”, hadas, setas, flores y peces bailaban “El Cascanueces” y “La Pastoral” se convertía en banda sonora del Olimpo. Y a mí ese episodio me marcó de alguna manera. No sé el motivo porque no recuerdo la primera vez que la vi. – A  lo mejor fue algo tan tonto como el único fallo de toda la película en el que un pegaso cae al agua siendo azul y cuando sale es naranja (es gracioso porque al siguiente, que en un principio es naranja le ocurre lo mismo y se vuelve azul). – Pero de esta película hablaré más a fondo en otro momento. 
Llevaba años esperando a que hubiera un concierto en el que tocaran esta sinfonía. Si me gustaba tanto en una grabación no me podía imaginar en directo. Y efectivamente, parecía que la acababa de escuchar por primera vez.

Esta sexta sinfonía de Beethoven es una de sus pocas obras programáticas o descriptivas, aunque él mismo señaló que el objetivo era despertar sentimientos (¡y vaya si lo consiguió!). 
Dividida en 5 movimientos, “narra” la vida en el campo:
El primero, “Despertar de alegres sentimientos con la llegada al campo”. Música muy alegre, con varios pasajes simples que se repiten (como los sonidos de la naturaleza) a lo largo del movimiento.
El segundo, “Escena junto al arroyo”. El más lento de los cinco. Evoca tranquilidad e imita el canto de los pájaros con flautas, oboes y clarinetes. 
El tercero, “Alegre reunión de campesinos”. Se describe a los pastores tocando sus instrumentos en una fiesta. Bailan alegres hasta que comienzan los primeros signos de la tormenta que se acerca. 
El cuarto, “Relámpagos. Tormenta.” La música se vuelve violenta, imitando los relámpagos de una tormenta que descarga su furia contra los pastores. El clímax se alcanza con la entrada de los trombones y a partir de ahí disminuye como si la tormenta se fuera alejando. 
El quinto,  “Himno de los pastores. Alegría y sentimientos de agradecimiento después de la tormenta”. Vuelve una melodía alegre y sobre todo muy emotiva. 
Y estos sentimientos y descripciones, como he mencionado antes, Disney los enfocó en el monte Olimpo, en el que cambia a los pastores que imaginaba Beethoven por pegasos, centauros, ángeles y demás seres fantásticos. 
El pasado 25 de febrero tuve la ocasión de disfrutar de este concierto tanto como disfrutaba hace años (y sigo haciéndolo) de Fantasía. La orquesta clásica de Santa Cecilia de Madrid, dirigida por Ken-David Masur (hijo del director Kurt Masur), lo hizo posible.
Ésta es una de mis versiones favoritas:la filarmónica de Viena dirigida por Christian Thielemann