La semana pasada, del 9 al 12 de marzo, pudimos disfrutar del talento de Sasha Waltz & Guests en el Teatro Real con su último trabajo: Sacre.
Sasha Waltz, fundadora de la compañía, es una de las figuras más relevantes de la danza contemporánea en Europa. Nació en Karlsruhe (Alemania) y estudió danza y coreografía en Ámsterdam y Nueva York. En 1993, fundó en Berlín la compañía Sasha Waltz & Guests junto con el empresario cultural Jochen Sandig, y ese mismo año estrenó su primera coreografía sobre la ópera “Dido y Eneas” de Purcell.
La coreógrafa está especialmente interesada en los mitos arcaicos y rituales que muestran la naturaleza que queda en un mundo de tecnología. Con esta obra, Sasha ha querido rendirles homenaje.
El ballet “La Consagración de la Primavera” (música de Igor Stravinsky y coreografía de Valsav Nijinsky) se estrenó en París en 1913. El productor, Serguéi Diaghilev, había encargado a Stravinsky un ballet que representase las tradiciones ancestrales de Rusia, su tierra natal. La obra describe un ritual pagano con un estilo que sorprendió a todos y marcó un antes y un después en la historia de la música: el paso de lo clásico a lo contemporáneo. El argumento se basa en la historia de una joven de la tribu que debe bailar hasta que la sacrifican para celebrar la llegada de la primavera.
La obra se divide en 2 actos:
1. Adoración de la primavera
- Introducción
- Augurios Primaverales. Danza de las adolescentes
- Juego del rapto
- Rondas primaverales
- Juego de las tribus rivales
- Cortejo del sabio
- El sabio. Danza de la Tierra
2. El sacrificio
- Introducción
- Círculos misteriosos de las adolescentes
- Glorificación de la elegida
- Evocación de los antepasados
- Acción ritual de los antepasados
- Danza sagrada. La elegida
Esta obra pertenece a un movimiento artístico de los muchos que surgieron a principios del siglo XX, el primitivismo, que pretende rescatar las tradiciones más antiguas con un lenguaje moderno. Podríamos decir que es una mezcla entre el nacionalismo (rescatar la tradición local) y el modernismo (ausencia de tonalidad, giros armónicos sin resolver, ruptura con la tradición, y novedades tímbricas y rítmicas).
Su estreno fue un rotundo fracaso. El público comenzó a abuchear cuando la obra aún no había terminado. En cuanto a los críticos musicales de la época, estaban divididos entre los modernistas franceses, que quedaron fascinados, y los románticos y post-románticos, que lo consideraban una sucesión incomprensible de ruidos.
Hoy en día, es considerada una verdadera obra de arte que la semana pasada ocupó la segunda parte de un gran espectáculo representado en Madrid. En la primera parte pudimos disfrutar de "Preludio a la siesta de un fauno" (Debussy), "Syrinx" (Debussy) y "Scène d'amour" de Romeo y Julieta (Berlioz) de la mano de la misma compañía y la orquesta titular del Teatro Real dirigida por Titus Engel.




